Los contratos que firman clubes y futbolistas van mucho mas allá de la duración del vínculo

Los contratos que firman clubes y futbolistas van mucho mas allá de la duración del vínculo y las cantidades a percibir por los jugadores. Acuerdos plagados por flecos destinados a burlar el fair play financiero, los compromisos ineludibles con el fisco o, en algunos casos, extravagancias propias de jóvenes estrellas y de clubes dispuestos a atajar cualquier acto de indisciplina.

Son habituales los acuerdos en los que figura un fijo y una serie de variables por rendimiento, vinculadas a los partidos disputados o a los títulos conseguidos por la entidad. El espíritu motivacional de estas cláusulas esconden argucias legales para diferir pagos, regatear el límite salarial impuesto por la UEFA o prorratear los impuestos fijados por la Agencia

Tributaria. Es el caso de las estipulaciones de muy fácil cumplimiento que figuran en los contratos, como el que firmó Neymar. El brasileño acordó percibir 6,5 millones anuales en lo que se estipuló como un bonus ético por ser “cortés, puntual, amable y estar a disposición de los aficionados”, a los que debía “saludar y dar las gracias antes y después de cada partido”. “

Con el variable de fácil cumplimiento, lo que se pretende es recolocar fijos en variables, aparentando la forma de variablidad de manera que se pueda jugar con el límite salarial y se pueda fichar más fácilmente”, explica a ABC Daniel Aroca, letrado socio de Auren Abogados.

El ejemplo de la cláusula ‘ética’ de Neymar tiene un precedente en Thiago Silva, al que le premiaban por no discutir las decisiones de su entrenador en el PSG. No obstante, más allá de algunas grotescas peticiones (Passarella no convocaba a ningún jugador con pelo largo para jugar con Argentina, el Betis prohibió a Van der Vaart jugar con botas rojas por ser el color del Sevilla, Guié-Mien le exigió el Eintracht que le pagara un curso de cocina a su esposa, Giuseppe Reina le pidió una casa por cada año de contrato al Arminia Bielefeld.

Cláusulas de fidelidad

Es el caso de Griezmann, que tenía un ‘loyalty bonus’ de siete millones con el Barcelona a partir del tercer año por permanecer en el equipo. Un fijo encubierto que respondía al concepto de mantenerse fiel al contrato pactado entre las partes y al que había que añadir otros 6,5 millones por cada uno de los siguientes dos temporadas. Un total de 20 millones de euros al que añadir a su salario. Una forma de atrasar el pago de impuestos. “Fiscalmente, el criterio para la tributación sería el de diferir pagos atendiendo a la retención que haya que pagar. Si no hubiera separación en la forma de imputar de forma desagregada el fijo del variable no habría ningún efecto y sería neutro”, ilustra Aroca, especialista en derecho fiscal.

El caso de Griezmann es muy similar al que firmó Messi cuando renovó en 2017 por valor de 65 millones de euros. Estas disposiciones son entendibles. No tanto las que se explicitaron en el contrato del argentino, como la ‘cláusula de independencia’ por la que el argentino quedaría libre si Catalunya lograba la secesión (el contrato se firmó poco después del referéndum ilegal del 1-0). Otra interpretación es que estas cláusulas de fidelidad no computan como masa salarial sino que algunos clubes la imputan directamente a la deuda. “Las variables están contempladas habitualmente, pero jurídicamente es salario. Otra cosa es una prima por fidelidad, que fiscalmente no será declarada cada año como salario, sino en el momento en el que se perciba. Esta cantidad no computa a efectos de tope salarial en un año determinado”, aclara Jacinto Vicente, abogado experto en derecho deportivo, a este diario. Ydenuncia: “Lo que están haciendo otros clubes, como el PSG, es fijar cláusulas que ya no son por objetivos, como cláusulas de fidelización o de buen comportamiento… Al final es un diferimiento de salario para lograr reducir el gasto”.

Stefan Schwarz – Prohibido irse al espacio

Stefan Schwarz empezó a soñar con el espacio estelar cuando jugaba en el Valencia. En 1999 no se fue a las estrellas, pero sí al Sunderland. Los ingleses quisieron asegurarse de que esos pensamientos no les perjudicarían y añadieron una cláusula a su contrato: si se iba al espacio, se acababa su contrato. Dennis Bergkamp – Prohibido viajar por los aires A veces las cláusulas las ponen los clubes, otras los jugadores. Dennis Bergkamp odiaba subirse a un avión, tenía pánico a volar. Se aseguró de que, por contrato, nadie pudiera obligarle a viajar por los aires. A veces se perdía los partidos europeos como visitante, otras salía antes y los hacía en coche o barco. Rafael Van der Vaart – Prohibido el rojo Rafael Van der Vaart fichó por el Real Betis en el regreso de lo verdiblancos a Primera División. Los del Benito Villamarín no querían que el futbolista tuviera nada que ver con el Sevilla y por eso le prohibieron lucir el rojo en sus zapatillas. Ronaldinho – 2 fiestas semanales Ronaldinho ama el fútbol, pero también la noche y la fiesta. Tras sus muchas y controvertidas polémicas, el futbolista quiso terminar con esto en el Flamengo. Exigió que, por contrato, le dejaran salir dos noches por semana. Mario Balotelli – No a la violencia Mario Balotelli no tiene buena fama. El italiano ha protagonizado muchos actos antideportivos y los clubes tienen miedo a su actitud. El Liverpool le colocó una cláusula por la que recibía 1 millón de libras si no era expulsado más de tres veces por conducta antideportiva en una temporada. Neil Ruddock – Más peso, menos salario Neil Ruddock llegó al Crystal Palace en el final de su carrera y el equipo tenía miedo de que se dejara llevar. Simon Jordan, el presidente, impuso una cláusula por la que debería pagar el 10% de su salario de multa si superaba los 99,8 kg. Roberto Firmino – Anti-Arsenal Todo empezó con Luis Suárez. El Liverpool estaba obligado a negociar con cualquier club que ofreciera más de 40 millones por el uruguayo. El Arsenal ofreció 40.000.001. No sentó bien a los de Anfield y lo tuvieron en cuenta con la compra de Firmino. El brasileño tiene una cláusula de 98 millones… siempre que el club interesado no sea el Arsenal. Giuseppe Reina – Casa por año Giuseppe Reina firmó por el Arminia Bielefeld y exigió que le construyeran una casa nueva cada temporada. No especificó tamaño y el club le trolleo. Reina se llevó una casa de Lego al año. Stig Inge Bjornebye – No al esquí Stig Inge Bjornebye fue un gran aficionado al salto de esquí, un deporte con gran riesgo de lesión. El Liverpool no quería pagar los errores del noruego en la nieve y le prohibió practicar esquí mientras jugara con los reds. Spencer Prior – Comer testículos Sam Hammam era el presidente del Cardiff cuando Prior firmó. El dueño le obligó, por contrato, a comer testículos de cordero con limón y salsa de perejil, un plato típico del Líbano, de donde era originario el presidente del Cardiff).
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